Animación 3D, VFX y cine
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A lo largo de los años, nos hemos visto fascinados por miles de historias distintas, y nuestro modo de consumirlas ha ido evolucionando con el tiempo, siendo el cine nuestro medio más habitual para disfrutarlas hoy en día. Sin embargo, lo que no ha cambiado con el paso de los años es la idea principal en la que se basan las historias, ya que si nos fijamos en la mayoría de las películas que amamos, nos daremos cuenta de que todas comparten los mismos argumentos, repetidos una y otra vez.

De “Star Wars” a “Titanic”, pasando por “El Rey León”, “Matrix” o “La La Land”, en todas ellas podemos encontrar ciertos elementos que las conectan entre sí. Y esto no es una coincidencia, está explicado en el fascinante libro “La semilla inmortal” de Jordi Balló y Xavier Pérez. Ellos nos muestran que hay 21 argumentos universales que el cine ha adaptado una y mil veces, en diferentes épocas, géneros y estilos.
Primero vamos a explicar qué es esto de los argumentos universales. Los argumentos universales son estructuras narrativas atemporales que se repiten en la historia de la humanidad, desde mitos antiguos hasta el cine moderno. Estos argumentos siempre funcionan muy bien porque reflejan conflictos, y conectan con emociones humanas, como el amor, la venganza, el sacrificio o la redención. Aunque cambien los personajes, los escenarios o la época, el núcleo de la historia permanece intacto. El cine no crea historias completamente nuevas, sino que reinventa estos relatos clásicos, adaptándose a diferentes contextos y estilos.
Como he mencionado antes, solo existen 21 argumentos universales, así que vamos a hacer un repaso por algunos de ellos y a ver varios ejemplos.
Vamos a empezar por el más clásico: “El viaje del héroe”. Esta es la historia de un personaje común y corriente que es lanzado a la aventura. Durante su viaje, superará distintos desafíos y volverá a su hogar completamente transformado. Este argumento representa el crecimiento personal a través de la experiencia y el deseo humano de exploración.

Dos de los ejemplos más grandes en el cine serían “Star Wars” y “El señor de los anillos”. En ambas películas tenemos a un joven protagonista que vive su vida tranquila cuando, de repente, se ve obligado a huir de su hogar para cumplir una importante misión. Pero esta historia ya se había contado hace más de 2000 años. “La Odisea” de Homero ya nos hablaba del viaje del héroe.
Aun así, fue Joseph Campbell quien identificó este patrón narrativo y lo explicó en su libro “El héroe de las mil caras”, en 1949. Su estructura clara y predecible hace que, aunque las historias sean diferentes, el esquema tenga un ritmo natural basado en introducción, nudo y desenlace, lo que es fácilmente entendible para el público general. Además, muestra el crecimiento personal del protagonista, lo que genera empatía y permite que el espectador se vea reflejado en él. Además, siempre aparecen personajes arquetípicos como el mentor, el villano y el aliado, que resuenan en diversas culturas e historias.
Muchísimas películas de todas las épocas se basan en este argumento: desde la clásica “Lawrence de Arabia”, pasando por “La historia interminable” o, más recientemente, “Vaiana”. Pero bueno, ¿quién no ama una buena historia de superación?
Ahora bien, si tú eres más de coger una caja de pañuelos y llorar desconsoladamente, nada mejor que “El amor imposible”. Aquí se exploran relaciones que desafían normas sociales, morales o familiares. Por supuesto, el mayor exponente de este argumento es “Romeo y Julieta”, la famosa obra de Shakespeare que relata el trágico romance entre estos dos jóvenes cuyas familias están enfrentadas. Y algo muy parecido ocurriría en 1997 con la clásica “Titanic”.

Al final, el público se identifica con la frustración y la melancolía de los personajes. La tensión narrativa de ver una situación sin una solución fácil nos mantiene enganchados. Otras películas como “Casablanca”, “Brokeback Mountain” o “La La Land” usan el mismo argumento.
Y hablando de amores difíciles, no podemos olvidar el argumento de “El triángulo amoroso”. Es uno de los más antiguos y recurrentes en la literatura, el cine y las series, porque permite explorar las complejidades del deseo, la lealtad, los celos y las decisiones emocionales difíciles, generando un conflicto inmediato y cercano al espectador.
En “Lo que el viento se llevó”, Scarlett O’Hara ama obsesivamente a Ashley, aunque él está casado con otra mujer, mientras desprecia a Rhett Butler, quien realmente la ama. Y si buscamos ejemplos más actuales, lo primero que se nos viene a la mente es la saga de “Crepúsculo”, donde Bella se encuentra dividida entre Edward, un vampiro que representa el amor imposible y peligroso, y Jacob, un hombre lobo que le ofrece protección y un amor más terrenal.
El argumento de “La rivalidad” es otro de los grandes motores narrativos universales. Se basa en el enfrentamiento directo y prolongado entre dos personajes o grupos que compiten por un mismo objetivo, poder, reconocimiento o incluso por motivos personales o ideológicos. El espectador sabe que ese choque es inevitable y espera ver quién triunfa.
Los rivales suelen ser opuestos complementarios: lo que le falta a uno, lo tiene el otro. Eso crea personajes con identidades muy marcadas. Además, permite explorar temas como la competencia, la envidia, el honor, la superación, la obsesión, el odio, el respeto mutuo… La rivalidad es una excusa perfecta para hablar de la condición humana. Este enfrentamiento puede tener múltiples formas. No siempre tiene porqué ser físico o violento, también puede ser intelectual, profesional, romántico o moral.
A lo largo de la historia del cine hemos visto grandes rivalidades, como la de Danny Larusso y Johnny Lawrence en “Karate Kid”, Alfred Borden y Robert Angier en “El truco final” (El prestigio) o Niki Lauda y James Hunt en “Rush”.
La rivalidad funciona porque dramatiza un conflicto elemental de la vida humana: el enfrentamiento con el otro que nos define y nos pone a prueba. Y nos hace preguntarnos hasta dónde estamos dispuestos a llegar para superar a los demás.
Pero si quieres emociones fuertes, ahí tienes “El sacrificio del héroe”. Este argumento enfatiza el altruismo y la capacidad de renunciar a algo valioso por un bien mayor.
Hay grandes ejemplos en la historia del cine. Entre los más recientes podríamos encontrar el final de “Los Vengadores: Endgame” con Iron Man chasqueando los dedos para salvar el universo, o también a Harry Potter comportándose como un auténtico miembro de Gryffindor al adentrarse en el Bosque Prohibido para enfrentarse a Voldemort y a su propio destino en la segunda parte de “Las reliquias de la muerte”. Aunque un ejemplo inolvidable y que marcó a toda una generación fue en “Braveheart”, cuando el gran William Wallace estremeció a todo el mundo con un último grito de “¡Libertad!”.

Y, ¿por qué funciona? Estos finales agridulces generan un impacto muy duradero en la memoria del espectador. Nos producen una enorme sensación de empatía y admiración al ir más allá de la supervivencia personal y centrarse en el bien común, dejando un mensaje poderoso sobre el precio de la verdadera heroicidad.
Otro argumento que funciona a la perfección es “La búsqueda de identidad”. Neo en “Matrix”, Tyler Durnen en “El Club de la Lucha” o Mulán en su película homónima son solo algunos ejemplos de protagonistas impulsados hacia la necesidad de encontrar un propósito.
Este tipo de historias reflejan una experiencia muy humana, ya que todos, en algún momento, pasamos por una fase de autodescubrimiento. Y muchas veces, la búsqueda de identidad se combina con aventuras físicas o desafíos externos, lo que mantiene el interés narrativo. Además, permite explorar temas complejos como la familia, el pasado y la sociedad, o incluso el género, la sexualidad y la cultura. Esto crea un arco de transformación genuino para el protagonista, quien no solo cambia sus circunstancias, sino que evoluciona profundamente. Otras películas como “Taxi Driver” o “Soul” también se basan en este argumento.
Ahora, vamos a lo oscuro: “La venganza”. Esta narrativa suele ser intensa y emocional, y permite explorar temas complejos como la ira y las consecuencias de nuestras acciones. Genera una fuerte conexión emocional, ya que la sed de venganza es un impulso visceral con el que muchos pueden identificarse. Además, crea tensión y suspense, y permite explorar la moralidad gris al navegar a través de la delgada línea entre justicia y crueldad, haciendo que los personajes tomen un camino que los lleve hacia la redención o hacia la autodestrucción.
Grandes clásicos como “Vértigo” de Hitchcock o “Kill Bill” de Tarantino, además de otras más actuales como “John Wick”, “The Batman” o la propia saga de “Venganza”, abordan este argumento.

“La rebelión” conecta con un sentimiento humano muy profundo: el rechazo a la opresión, la injusticia o el abuso de poder. Nos gusta ver a personajes que se atreven a enfrentarse a un sistema injusto. Puede centrarse en un líder carismático o en un grupo de personas que se unen por un objetivo común, y da lugar a historias de solidaridad, sacrificio y transformación. La rebelión puede ser política, social, cultural, íntima, tecnológica o incluso mágica. Se adapta a cualquier época y género narrativo.
En los años 60 con “Espartaco” ya podíamos encontrar este argumento. Esta película nos presentaba a un esclavo gladiador liderando una rebelión contra el Imperio Romano en busca de libertad y justicia, desafiando el orden establecido y convirtiéndose en un símbolo de resistencia. Y, hoy en día, podemos verlo también en cintas como “V de Vendetta”, donde un misterioso individuo lidera una rebelión para derrocar al régimen opresivo, desafiando el control y la censura del gobierno.
La rebelión no solo plantea una lucha externa, sino también interna. Nos hace plantearnos si somos lo suficientemente valientes para hacer frente a aquello que nos oprime y cuánto estamos dispuestos a sacrificar por nuestra libertad e ideales.
El argumento de “El desafío” es otro de los grandes clásicos, presente en muchísimas historias a lo largo del tiempo. Es potente porque sitúa al protagonista frente a una prueba concreta que debe superar. Un desafío puede ser físico, mental, emocional, social o incluso existencial y, en ocasiones, puede conllevar condiciones extremas.
Un ejemplo de desafío físico podemos verlo en “Rocky”, donde un boxeador humilde acepta pelear contra el campeón mundial, aunque sus posibilidades de ganar sean mínimas. Por otra parte, “En busca de la felicidad” (2006) nos plantea un desafío muy distinto, presentándonos a un hombre que lucha por conseguir un trabajo y sacar adelante a su hijo. Del mismo modo “La teoría del todo” nos relata la historia de Stephen Hawking y cómo su mente y espíritu superan las limitaciones físicas de su enfermedad. Por último, en “La sociedad de la nieve”, un grupo de jóvenes lucha por mantenerse con vida en las frías montañas de Los Andes tras haber sobrevivido a un accidente de avión.

Los grandes desafíos no siempre se dan en grandes gestas épicas; a veces se encuentran en historias pequeñas, íntimas, cotidianas. Son historias que nos hablan de lo mejor de nosotros mismos. Suelen tener finales esperanzadores, aunque no necesariamente perfectos, y nos recuerdan que el ser humano es capaz de resistir, superar la adversidad y encontrar sentido incluso en las peores circunstancias, resaltando el triunfo del espíritu.
El argumento de “El mentor y el aprendiz” es otro de los grandes arquetipos narrativos, presente en mitos, leyendas, literatura y cine desde hace siglos. Es una estructura que simboliza la transmisión de sabiduría de una generación a otra. El mentor guía, protege y enseña; el aprendiz representa el futuro, el cambio, la renovación. Todos hemos sido aprendices en algún momento de la vida (en la escuela, en la familia, en el trabajo) y muchos soñamos con tener un mentor que nos guíe en los momentos difíciles.La relación mentor-aprendiz permite explorar la admiración, el respeto y los conflictos generacionales.
Es difícil encontrar una película en la que no existan dos personajes que cumplan este rol. Por ejemplo en “Star Wars: El imperio contraataca”, Luke es entrenado por Yoda para dominar sus habilidades como Jedi; en “Karate Kid”, El señor Miyagi guía a Daniel en las artes marciales y en la vida; en “El rey león”, Mufasa y, luego, Rafiki cumplen el rol de mentor para Simba; y en “Doctor Strange”, La Anciana entrena a Stephen Strange en las artes místicas y lo ayuda a trascender su ego.
Este argumento es atemporal porque refleja un modelo de aprendizaje esencial: el saber no se hereda, se transmite. En un mundo moderno donde la figura del maestro o guía a veces parece diluirse, las historias de mentor y aprendiz recuperan el valor del conocimiento profundo, la paciencia y la experiencia. Y cuando llega el momento inevitable de que el aprendiz supere al maestro o continúe solo… el espectador siente una mezcla de orgullo y melancolía.
Otro clásico argumento es “La tragedia”, donde uno de los personajes principales sufre una caída inevitable. Este tipo de historias que desafían la idea del final feliz suelen dejar una enseñanza profunda sobre la frágil condición humana. Funcionan muy bien al provocar una fuerte respuesta emocional en el espectador.

Una de las obras más importantes con este argumento es “Hamlet”, donde el príncipe busca vengar la muerte de su padre pero termina destruyéndose a sí mismo y a aquellos que ama en el proceso. Otro clásico es “El club de los poetas muertos”. Aquí, el personaje de Neil se ve atrapado entre las estrictas expectativas de su familia y su propio deseo de ser actor.
Y cerramos con el argumento de “La redención”. Aquí, el personaje empieza siendo un villano o un perdedor, pero al final logra redimirse, como Darth Vader salvando a su hijo o el Grinch devolviendo la Navidad.
Este tipo de narrativa es muy poderosa porque explora la capacidad humana de cambiar, perdonarse a sí mismo y encontrar un nuevo propósito. El viaje que va desde la culpa o el remordimiento hasta la redención es conmovedor y satisfactorio. Explora la complejidad de la naturaleza humana al plantearnos que nadie es completamente bueno o malo, lo que nos hace empatizar y nos genera la esperanza de que ese cambio sea posible. Al final todos merecemos una segunda oportunidad, ¿no?

¡Y así llegamos al final de este épico recorrido por algunos de los 21 argumentos universales! ¿Te diste cuenta? Da igual si es una película en blanco y negro o un blockbuster lleno de efectos visuales, las historias que nos atrapan son siempre las mismas. Y eso no es algo malo, al contrario: ahí está la magia. Porque aunque las tramas se repitan, cada generación reescribe las historias a su manera, con sus miedos, sus sueños y sus preguntas.
El cine, como la mitología o los cuentos populares, nos conecta con lo que somos y con lo que siempre hemos sido: contadores de historias. En el fondo, seguimos sentados alrededor del fuego, solo que ahora el fuego tiene forma de pantalla.
Así que, te reto. La próxima vez que veas una película, haz la prueba: ¿qué argumentos universales están usando? Puede que descubras que hasta tu saga favorita es solo una nueva versión de una historia milenaria.

AUTORA
FX Supervisor and Video Editor