Mi travesía profesional en la industria del videojuego

Es un verdadero honor poder compartir mi historia en Renderout!, una revista que lleva años actuando de altavoz de quienes vivimos y respiramos el complejo, pero apasionante universo del Arte Digital.

Más que una simple crónica profesional, este artículo recoge las vivencias, decisiones y aprendizajes que me han acompañado hasta hoy. Y aunque no sé si estas líneas lograrán servir de guía, ojalá puedan ser, al menos, un pequeño impulso para quienes se sientan perdidos en busca de su sitio o de su próximo paso dentro de la industria. Porque si algo he aprendido, es que no hay un único camino, sólo muchas formas de avanzar.

PAULA SÁNCHEZ-FERRERO

El primer encuentro: Un vehículo para la creatividad.

Desde pequeña, destaqué siempre por ser una niña creativa. Dibujar, inventar historias y soñar con vidas y mundos nuevos era mi forma de expresar lo que sentía dando rienda suelta a mi imaginación. Cuando comencé a adentrarme en el universo del entretenimiento digital, comprendí que los videojuegos podían ser el vehículo perfecto para canalizar mi creatividad, al ofrecer un lienzo interactivo donde la narrativa, los entornos y las mecánicas confluían para dar vida a nuevos universos, satisfaciendo mi ansia de crear. Desde entonces, tuve claro que quería dedicarme al desarrollo de videojuegos, aunque no sabía cómo ni por dónde empezar.

Corría el año 2005 y, en España, plantearse los videojuegos como una salida profesional sonaba casi a quimera: apenas unos pocos afortunados podían decir que formaban parte del mundillo; ya fuera porque contaban con ahorros familiares para fundar su propio estudio o porque su desarrollo profesional en otros sectores les había otorgado una base de conocimiento que les había permitido transitar hacia él.

Para mí, que ignoraba aún la complejidad real que se escondía tras cada título, resultaba un enigma decidir qué estudiar o cómo trazar una hoja ruta hasta ese mundo que me fascinaba. No existía ninguna carrera diseñada específicamente para ello, ni referentes cercanos que pudieran señalarme el camino. Aun así, mi pasión por crear y la profunda conexión que desarrollé en la infancia con ciertos videojuegos me empujaron a guardar aquel anhelo como un sueño a alcanzar. No sabía cuándo ni de qué manera lo haría realidad, pero tenía la certeza de que dedicar mi vida profesional a crear esos universos sería, para siempre, un objetivo a perseguir.

El desafío universitario: Formarse en un terreno poco transitado

Cuando llegó el momento de elegir mi futuro académico, el terreno de la formación en videojuegos era poco conocido y, en muchos sentidos, inexplorado en España. Las opciones eran limitadas y poco convencionales, y no estaba claro cuál sería la mejor vía formativa para asegurarse un futuro en la industria. ¿Estudiar Bellas Artes? ¿Una Ingeniería Informática? ¿Cuál sería realmente la mejor opción para adentrarse en el Desarrollo de Videojuegos? Encontrar un programa académico que abarcara desde el arte hasta la programación era complicado, pero ambas ramas parecían jugar un papel fundamental en el sector.

El tiempo para decidir en qué carrera inscribirme se estaba agotando y fue entonces cuando, casi en la prórroga y por casualidad, descubrí un incipiente grado en Diseño y Desarrollo de Videojuegos. En ese instante y por primera vez, sentí cómo lo que hasta entonces no había sido más que un sueño inalcanzable, comenzaba a materializarse. Vi cómo se abría ante mí la posibilidad de convertir mi pasión en una profesión, con la vehemente pero falsa esperanza de que el mero plan de estudios me posicionaría en una empresa más adelante.

Comencé la carrera con una ilusión desbordante. Por primera vez, me encontré rodeada de estudiantes tan apasionados y creativos como yo, ávidos por explorar cada rincón de este nuevo mundo digital. Sin embargo, no tardé mucho en toparme con una realidad incómoda: ni el propio centro parecía creer que esos estudios pudieran colocarnos en la órbita AAA, que había sido siempre mi gran ambición. Todo apuntaba a que nuestras únicas salidas eran desarrollar para móvil o montar un pequeño estudio indie, lo que me desalentó.

Fueron años felices, plagados de aprendizajes, aunque también de noches en vela preguntándome si algún día podría llegar a vivir de esto o si pondría fin a mis estudios en la cola del INEM. Entre clases, entregas y proyectos, se colaban dudas difíciles de acallar: ¿había elegido bien? ¿Sería realmente ésta la industria donde construir mi futuro? A todo ello, se sumaba la indecisión a la hora de hacer elecciones clave, como la de la especialización. ¿Y si me equivocaba escogiendo un camino que terminara por no resonar del todo conmigo? ¿Y si esa elección condicionaba mis oportunidades en un sector tan competitivo? La presión por acertar era constante al sentir que estaba apostando por una profesión con salidas limitadas y, quizá, más inestables de lo que esperaba.

Aun con los miedos a flor de piel, decidí dar un paso al frente. Entendí que, si había alguna posibilidad de abrirme camino, pasaba por dejar de anticipar fracasos y empezar a construir certezas. Adopté una actitud pragmática, pero cargada de convicción: no iba a limitarme a cumplir los mínimos académicos, sino que iba a darlo todo y a dejar que el trabajo hablara por mí. Si en un proyecto me pedían entregar “X”, yo entregaba “X + Y + Z”, asumiendo horas extra de modelado, investigación y refinamiento hasta alcanzar un nivel que, esperaba, me acercase a mi sueño de encontrar un hueco en el mercado.

«Spoiler: Nada más terminar la carrera, ese trabajo silencioso y constante se tradujo en mi primera oferta laboral».

Del aula a la industria: El salto al mundo real

La transición de la universidad a la industria fue, sin duda, uno de los momentos más transformadores de mi vida. De pronto, lo que había aprendido en el entorno académico se puso a prueba en un escenario real, con plazos estrictos, altos estándares de calidad y la necesidad de combinar la creatividad con la técnica. Entrar en el sector supuso descubrir que detrás del arte para videojuegos se esconde un complejo entramado de requisitos técnicos de los que, durante cuatro años formativos, apenas había oído hablar. Se hizo evidente que para ser artista en esta industria no basta con saber manejar el software, sino que es fundamental entender cómo optimizar modelos, texturas y escenarios para que un juego funcione de manera fluida en diferentes plataformas, cada una con sus propias limitaciones y exigencias de rendimiento.

Mi primera oferta laboral (más allá de las prácticas de empresa) fue para trabajar en escenarios y “props” en el estudio elite3d, en Valencia, uno de los estudios de Outsourcing más exitosos del momento. Y aunque inicialmente mi preferencia siempre habían sido los personajes 3D, esta oportunidad me llevó a descubrir que lo que parecía una especialización temporal para iniciarme en la industria, acabó convirtiéndose en pasión. Jamás me volví a plantear cambiar de rama, pues el disfrute que encontraba en la creación de entornos y objetos era incomparable.

Mi paso por elite3d marcó un antes y un después: fue una auténtica catapulta profesional, pero también una etapa personal intensa. Trasladarme sola a Valencia, dejando atrás a mi familia y amigos en Madrid, supuso un sacrificio profundo. A esto se sumó el reto de integrarme en un entorno laboral abrumadoramente masculino, donde ser mujer no siempre jugaba a favor. Sin apenas experiencia vital y enfrentándome por primera vez a la soledad, la adaptación no fue fácil. Sin embargo, la pasión por lo que hacía y el agradecimiento por estar cumpliendo mi sueño eran tan fuertes que finalmente logré erradicar el malestar y seguir adelante con una entrega absoluta.

En apenas cinco años, esta empresa me vio crecer desde “Junior” a “Lead Artist” con más de una docena de proyectos AAA a la espalda (Call of Duty: WWII, Cold War y Vanguard, Metro Exodus y tres entregas de The Dark Pictures Anthology, entre otros). Como “junior”, no tardé en darme cuenta de que destacar en el aula no se equiparaba en absoluto con hacerlo en la industria: aún me faltaba muchísimo por aprender.

Sin embargo y como en la universidad, lejos de rendirme, opté por invertir horas extra en dominar los workflows y perfeccionar mi técnica para no tener que depender siempre de los más veteranos. Con el tiempo, aquella dedicación me permitió entrenar el ojo para detectar los fallos propios y ajenos con rapidez, así como desarrollar la asertividad necesaria para orientar al equipo. A los tres años, ese esfuerzo dio sus frutos: asumí el rol de Supervising Artist, liderando pequeños equipos en la creación de arte y sentando las bases de mi posterior ascenso a Lead.

Como Lead, terminé por guiar a un grupo multidisciplinar de 30 personas, ampliando mi mirada artística hacia armas, vehículos y personajes; mientras desarrollaba habilidades esenciales como la organización, planificación y resolución de conflictos. Esto fue algo que tuve que aprender sobre la marcha. En ocasiones, liderar significó tener que tomar decisiones difíciles, aprendiendo a equilibrar la empatía con la determinación. Descubrí que mi verdadero disfrute profesional se encontraba en ayudar a que mi equipo alcanzara su máximo potencial, en ver cómo juntos conseguíamos superar obstáculos y crecer de forma conjunta (por supuesto, sin abandonar por completo el arte ni las implicaciones que el mismo conlleva). Cada reto superado, cada “feedback” compartido y cada reunión estratégica se convirtieron en lecciones que han ido forjando mi carrera.

Mi etapa en Valencia fue exigente, pero no la cambiaría por nada ya que me ha convertido en la profesional que soy hoy. Trabajar en elite3d supuso una sacudida vital que guardaré siempre con cariño y orgullo en mi memoria.

Más allá de la meta: Compromiso y comunidad

Llevaba ya unos años sintiendo que había alcanzado mi sueño, pero aún continuaba con la sensación de que no era momento de aflojar. Mantenerme en guardia, seguir formándome y reforzar mi posición en la industria se convirtieron en mis nuevos objetivos.

Uno de los logros más significativos de este periodo fue la creación del curso de “Creación de props realistas para videojuegos”, de la mano de Domestika. En él, intenté ofrecer por primera vez a la comunidad toda la información necesaria para que pudieran crear “props” con calidad AAA usando el pipeline utilizado en la industria. El tutorial no sólo se convirtió en la antesala para impartir incontables conferencias y Masterclasses en universidades, sino que me impulsó a ofrecer mentorías personalizadas a alumnos de todo el mundo.

Paralelamente, intentaba invertir a menudo tardes libres para continuar perfeccionando mi portafolio; rutina de la cual nació “Antique Fountain”, una de mis piezas más queridas. Partiendo de un antiguo high‑poly académico, decidí llevarlo a término integrando cada noción profesional adquirida, convirtiéndolo en un testimonio tangible de mi evolución artística.

Estos años me demostraron que alcanzar una meta no significa carta blanca para echarse a dormir, sino que ha llegado el momento de asumir nuevos retos para seguir creciendo.

Redescubrir la vocación: La llegada a d3t y la inauguración de d3t Madrid

Con la etapa de elite3d cerrada, la vida me trajo de vuelta a casa. Convertirme en 3D Director en Saber Interactive Spain supuso regresar a Madrid tras cinco años fuera para trabajar en cuatro títulos de forma simultánea (Evil Dead: The Game, Wild Card Football, Radikal Fighters y Turok Origins), redefiniendo áreas especializadas (armas, “props” y entornos) y contribuyendo al reclutamiento y la organización de equipos. Aquí, aprendí de primera mano cuán esencial es un liderazgo que combine claridad de objetivos con la colaboración, y que una gestión interna rígida o centralizada puede lastrar tanto la creatividad como la moral de los desarrolladores.

Año y medio después, estaba deseosa de saltar a un nuevo reto profesional en el que continuar creciendo y fortaleciendo mis valores. La persecución de estos ideales fue la que me hizo darme cuenta de que, a veces, bajar un escalón en cargo no significa retroceder, sino coger impulso. Porque no se trata sólo de avanzar rápido, sino de saber hacia dónde vas y con quién quieres recorrer tu camino.

El siguiente gran salto en mi carrera se dio con mi incorporación a d3t, un estudio británico especializado en Co-Desarrollo. Entré al estudio asumiendo el rol de Lead, una posición que no sólo implicaba continuar con la responsabilidad de guiar equipos, sino también aprender un nuevo modelo de trabajo. Aquí me topé por primera vez con un ambiente en el que la colaboración con estudios clientes se funda en la alianza creativa y estratégica, donde la voz del equipo tiene peso desde la concepción hasta la ejecución del proyecto.

En este modelo de negocio, el desafío radica en trabajar en varios proyectos simultáneamente, cada uno con estilos artísticos, pipelines y requisitos técnicos diferentes. La diversidad de trabajos me permitió aprender a un ritmo acelerado y a manejar con soltura la adaptación constante. Esto resultó ser el trampolín que me catapultó a nuevas responsabilidades (incluyendo, tras el primer año, el rol de Directora de Arte Asociada) y me permitieron llegar más lejos de lo que hubiera imaginado en mi empleo anterior.

De repente, se abría ante mí la responsabilidad de dirigir no sólo a los departamentos de 3D, sino a todos los equipos de arte, incluyendo “concept”, VFX, “Tech Art”, escenarios, etc.

La evolución dentro de d3t fue tan positiva y enriquecedora que, posteriormente, se me otorgó el honor y la responsabilidad de liderar la apertura de la nueva sede d3t Madrid. Este hito, que me llenó de orgullo, supuso una declaración de intenciones y confianza por parte del equipo directivo, así como el reconocimiento de que desde España también podemos competir en el ámbito global del videojuego.

Liderar un estudio como Associate Art Director desde la ciudad que considero mi casa es, hoy en día, el reflejo de cada paso, cada desafío superado y cada lección aprendida a lo largo de mi carrera. Cada día en la nueva oficina me conecta de manera especial con aquella niña creativa que, jugando a su juego favorito, alguna vez fantaseó con la idea de llegar a formar parte de la industria mientras se decía que alcanzar este sueño sería imposible. Hoy, no sólo estoy cumpliendo ese sueño, sino que sigo trabajando duro para contribuir a facilitar los sueños de quienes vienen detrás.

Una lección para el camino: Consejos para quienes buscan crecer en la industria

A lo largo de mi trayectoria, he acumulado aprendizajes que me gustaría compartir. No como recetas mágicas, sino como faros para quienes aún buscan su rumbo o no han encontrado ese camino que les haga vibrar de verdad:

  • No tener miedo a equivocarse: No es necesario tener la hoja de ruta perfecta desde el inicio. Muchas decisiones se toman por necesidad o casualidad y es sólo con el tiempo cuando se convierten en aciertos. La evolución profesional es un proceso de ensayo y error, y cada equivocación es una oportunidad para aprender.
  • Valorar los soft skills: El conocimiento técnico es imprescindible, pero saber trabajar en equipo, comunicarse y adaptarse es igual de importante, sea para el rol que sea. Estas habilidades te permitirán crecer y destacar, especialmente en cargos de liderazgo.
  • Aprender constantemente: Nunca te quedes estático. Cualquier industria digital y tecnológica avanza rápidamente; siempre hay algo nuevo por descubrir. La curiosidad y el deseo de aprender son motores fundamentales que te ayudarán a superar cualquier obstáculo.
  • Buscar entornos que te inspiren: Rodéate de personas y equipos que compartan tu pasión. La sinergia y la colaboración en un ambiente de respeto y creatividad son vitales para evolucionar tanto personal como profesionalmente.
  • Aprovechar cada experiencia: Cada etapa, desde las prácticas universitarias hasta el liderazgo en un estudio de renombre, aporta aprendizajes únicos. Incluso cuando las circunstancias no son las ideales, siempre se puede extraer algo positivo que contribuya a tu crecimiento.

Conclusión: Inspirar y creer en lo imposible

Si tuviera que quedarme con una única lección a destacar a lo largo de mi vida profesional, diría que la resiliencia es quizás la más importante que he aprendido. Cada etapa (desde los primeros bocetos en una hoja de papel, pasando por la inmersión en el 3D, hasta llegar a roles de liderazgo y dirección) tiene su propio valor y enseña algo que sólo se puede aprender de primera mano.

Para los estudiantes y artistas emergentes, mi consejo es simple: nunca hay que dejar de soñar, pero los objetivos vitales no se cumplen por arte de magia, requieren un esfuerzo y trabajo desmedidos. La industria es exigente y requiere tanto talento como fuerza de voluntad. La técnica y el dominio de las herramientas son esenciales, pero igual de crucial es el deseo de mejorar, el valor de reconocer los errores y la capacidad de reinventarse cuando las circunstancias lo demandan.

Para los profesionales que llevan ya años en el sector, hago un llamamiento contra el conformismo. No es extraño si en algún momento el aprendizaje se detiene o el progreso se estanca, pero es una situación que no se resolverá por sí sola, requiere un esfuerzo activo en la búsqueda de nuevos retos. No hay que temer a dar un paso atrás ni cambiar de dirección, pues muchas veces nos ayuda a resurgir con más fuerza.  

Como mensaje final, me gustaría transmitir que, si bien es importante tener un objetivo al que apuntar, éste no debe cegarnos. A veces, el empeño por alcanzar una meta aparentemente inalcanzable puede volverse frustrante cuando los avances no llegan tan rápido como esperamos. Por eso, es fundamental aprender a disfrutar del camino, manteniendo la dirección sin temer los desvíos. Adaptar la ruta, redefinir prioridades o hacer pausas no es fracasar, es avanzar con perspectiva. El éxito profesional no es un destino, sino un viaje constante de superación.

AUTORA

PAULA SÁNCHEZ-FERRERO

Associate Art Director @d3t | 3D Mentor

¿Qué nota le das a este contenido?

Tu valoración ayuda a destacar el mejor contenido.

Nota media de la comunidad 0 / 5. Valoraciones recibidas: 0

Aún no tiene valoraciones. Sé el primero en dejar tu nota.

COMPARTE ESTE CONTENIDO