Mis años conversando con grandes animadores

Tuve la inmensa suerte de conversar y entrevistar a cientos de grandes artistas del mundo de la animación. Leyendas vivas, creadores que dejaron huella en Disney, ILM, Weta, DreamWorks, Skydance, Illusorium, 3Doubles y tantas otras.

Cada entrevista fue como abrir una puerta a otro universo, uno en el que lo importante nunca fue qué versión de software usaban, ni qué plugin mágico habían descubierto.

Imagen © Warner Bros. / New Line Cinema / Weta Digital.

La magia detrás de la animación

Confieso que, al principio, me acercaba con la curiosidad técnica típica de quien quiere descubrir secretos escondidos tras grandes películas. Pero, charla tras charla, esa obsesión fue desapareciendo para dar paso a la auténtica esencia de sus palabras: la pasión por animar, la entrega absoluta por contar historias y dar vida a personajes que solo existen gracias a su talento y dedicación.

Recuerdo con especial claridad a Carlos Baena, cuya voz tranquila y paciente me hablaba sobre todo de «acting«. Como un mantra sagrado repetía: «No muevas vértices, siente al personaje. ¿Qué teme? ¿Qué siente? Eso es lo que curva su espalda».

Borja Montoro, con esa energía que parece venir de otro tiempo, insistía en que lo esencial era la observación: «Mira cómo se agarra un niño a su padre al cruzar la calle; esa es la clave para animar, el miedo auténtico».

Miguel Ángel Fuertes, con humildad y precisión, me dejó una frase grabada: «El 3D o el 2D son solo lentes, lo verdaderamente importante es lo que logras que sienta el espectador al mirar a través de ellas».

El gran Rodrigo Blass experto en mezclar culturas suele decir “La voz del gnomo en Trollhunters surgía de mezclar dos cosas muy raras: un cantaor flamenco y un bebé balbuceando.”

Imagen © 20th Century Studios / Lightstorm Entertainment. “Avatar: The Way of Water” (2022).

Cada artista entrevistado coincidía en lo mismo: el software es solo un pincel más sofisticado, pero sigue siendo una herramienta. Lo verdaderamente crucial está en todo lo demás:

En las ganas, esa tenacidad del artesano: «Es tallar diamante con las uñas, a veces». En el positivismo, como me decía Mario de Dios —gran animador en Illusorium y parte del equipo de animación en Avatar—: «La fe en lo invisible. Sin ella, el personaje está muerto antes de nacer».

En el legado, como el eco de los «Nine Old Men» de Disney: «Ellos no tenían rigging automático… tenían ojos, lápiz y pasión», como me contaba mi querido Jorge E. Ruiz desde Burbank.

Daniel Martín Peixe lo remataba con elegancia: «No somos técnicos. Somos eslabones en una cadena que empezó con trazos en papel de celuloide y pasión pura». Y, sobre todo, en la pasión, esa palabra que lo envolvía TODO.

Carlos Baena lo decía sin duda ninguna: «Sin pasión, esto es mover muñecos. Con ella, es darles alma. Es lo único que convierte el esfuerzo brutal en belleza». Miguel Ángel Fuertes añadía con una sonrisa cómplice: «La pasión es el antídoto contra el render fallido, el deadline imposible, la duda. Es lo que te hace volver al frame uno, siempre».

Imagen © Disney / Pixar – WALL·E (2008). Todos los derechos reservados.

Durante esas conversaciones, comprendí algo muy poderoso: los verdaderos gigantes de la animación no distinguen técnicas o programas; ellos hablan un lenguaje universal, el del alma humana. Me contaban historias de noches enteras ajustando un solo parpadeo, horas infinitas buscando la curva perfecta de una sonrisa o del giro de cabeza de un lobo o de un gorila en una de esas grandes superproducciones de Hollywood. Y todo, absolutamente todo, impulsado por esa palabra mágica que aparecía una y otra vez en nuestras conversaciones: la pasión.

Un día, Miguel Ángel me dijo algo que aún resuena en mí ¿Ves un personaje? ¿Sientes su pasión? ¿Arde la tuya por contarlo? Eso es lo único que llega a la pantalla… y al público».

Hoy, mientras algunos discuten sobre nuevas versiones, motores de render o inteligencia artificial, yo recuerdo esas charlas y entrevistas, esas voces llenas de emoción que me enseñaron que dar vida a un personaje es, ante todo, un acto de amor puro y cabezota. No viajé a lugares como Burbank, donde Disney forjó su imperio animado; ni a Emeryville, cuna de Pixar; ni a Wellington, hogar de la poderosa Weta FX donde se esculpieron criaturas inmortales. Pero a través de sus voces —de Baena, de Rodrigo, de Montoro, de Zabala, de Peixe, de Jorge E. Ruiz, y también de Miguel Ángel Fuertes o Mario de Dios, que dieron alma a los seres de Avatar— viajé más lejos y más profundamente: al corazón mismo de lo que significa animar.

Porque la verdadera animación nunca estuvo en el software, sino en la mirada apasionada del artista. Y eso, amigos míos, no va a cambiar.

El Guiri Studios, Borja Montoro Cavero, Miguel Angel Fuertes, Carlos Baena, Rafa Zabala, Daniel Martin Peixe, Jorge E. Ruiz Cano, Mario de Dios y así hasta mas de 200 grandísimos artistas del mundo de la animación

AUTOR

Juan Nieto

Director Académico | Director General Educativo | Especialista en Transformación de Escuelas Creativas

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